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Guía didáctica “Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia”

El golpe del 24 de Marzo de 1976 estableció el terrorismo de Estado en Argentina. Aquí ofrecemos insumos para poder tratar el tema en la educación escolar, barrial y comunitaria.

 

Actividad 1: Mirar e indagar

 

Para registrar qué se conoce del tema, sugerimos la obra «Memoria» de Ricardo Carpani, junto al abordaje que proponemos.

 

"Memoria" de Ricardo Carpani.

 

  •  ¿Qué cosas se ven en la imagen? Hace una lista detallada.
  •  ¿Qué significa lo que se muestra? ¿Por qué se muestra de esa manera?
  •  ¿Qué estarán diciendo las personas? ¿Qué otro título le pondrías? ¿Qué música de fondo podría tener?
  •  ¿Qué sentís al ver la imagen? ¿Cuál palabra la define mejor: silencio, resistencia, miedo? ¿Te gusta esta imagen?, ¿por qué?
  •  ¿Son evitables las injusticias como la que muestra esta obra?

 

 

Actividad 2: Leer e interpretar

 

El terrorismo de Estado tuvo un anclaje mediático. Fue un golpe cívico-militar que contó con un dispositivo para censurar y también contar. A través de los medios expuso la verdad que quería mostrar, para generar consenso y legitimidad. Transcribimos algunos extractos de medios gráficos de la época:

 

“El objetivo del proceso de Reorganización Nacional es realizar un escarmiento histórico. En la Argentina deberán morir todas las personas que sean necesarias para terminar con la subversión» (Gral Jorge Videla, Diario Crónica, 09/09/77)

 

«Desde hace un tiempo diarios y revistas de todo el mundo sólo hablan del país para nombrar ‘guerrilla’, ‘derechos humanos’, ‘terror’. No hablan, claro, de la industria. O del campo. O del petróleo. O de los artistas. O de los científicos. O de los Premios Nobel. Nos miran a través de un vidrio oscuro. Parcial. Interesado.» (Revista Gente, 02/09/76)

Tapa de Clarín del 26 de Marzo de 1976.

Proponemos hacer un ejercicio de laboratorio, como si fueran las únicas fuentes del golpe de 1976.

  • ¿Qué se enfatiza en cada fuente? ¿Se complementan entre sí? ¿Por qué?
  • ¿Puede hablarse de una relación entre medios de comunicación y dictadura?
  • ¿Cómo son presentados los conflictos sociales en las fuentes?
  • ¿Qué interpretaciones de la realidad pueden sugerirse a partir de estas fuentes?

 

 

Actividad 3: Contar y argumentar

 

El terrorismo de Estado que estableció el Golpe del 24 de Marzo de 1976 incluyó mecanismos de control social. Uno de ellos fue la prohibición de cuentos infantiles, como “La planta de Bartolo” de Laura Devetach. (Ver aparte)

 

Para ello sugerimos:

  • Leer los primeros párrafos del cuento y conversar sobre el aspecto social que trata (¿Por qué a Bartolo se le ocurrió hacer una planta de hacer cuadernos?, ¿a quiénes benefició y a quiénes no con esa acción?)
  • Sugerir desarrollos del cuento y registrar las respuestas que anticipen su continuidad.
  • Leer el resto del cuento y comparar con las anticipaciones realizadas.
  • Reflexionar acerca de por qué la dictadura prohibió este cuento.
  • Jugar e inventar: ¿qué cosas se podrían sembrar para compartir con otros?

La planta de Bartolo

 

El buen Bartolo sembró un día un hermoso cuaderno en un macetón. Lo regó, lo puso al calor del sol, y cuando menos lo esperaba, ¡trácate!, brotó una planta tiernita con hojas de todos colores.

Pronto la plantita comenzó a dar cuadernos. Eran cuadernos hermosísimos, como esos que gustan a los chicos. De tapas duras con muchas hojas muy blancas que invitaban a hacer sumas y restas y dibujitos.

Bartolo palmoteó siete veces de contento y dijo:

—Ahora, ¡todos los chicos tendrán cuadernos!

¡Pobrecitos los chicos del pueblo! Estaban tan caros los cuadernos que las mamás, en lugar de alegrarse porque escribían mucho y los iban terminando, se enojaban y les decían:

—¡Ya terminaste otro cuaderno! ¡Con lo que valen!

Y los pobres chicos no sabían qué hacer.

Bartolo salió a la calle y haciendo bocina con sus enormes manos de tierra gritó:

—¡Chicos!, ¡tengo cuadernos, cuadernos lindos para todos! ¡El que quiera cuadernos nuevos que venga a ver mi planta de cuadernos!

Una bandada de parloteos y murmullos llenó inmediatamente la casita del buen Bartolo y todos los chicos salieron brincando con un cuaderno nuevo debajo del brazo.

Y así pasó que cada vez que acababan uno, Bartolo les daba otro y ellos escribían y aprendían con muchísimo gusto.

Pero, una piedra muy dura vino a caer en medio de la felicidad de Bartolo y los chicos. El Vendedor de Cuadernos se enojó como no sé qué.

Un día, fumando su largo cigarro, fue caminando pesadamente hasta la casa de Bartolo. Golpeó la puerta con sus manos llenas de anillos de oro: ¡Toco toc! ¡Toco toc!

—Bartolo —le dijo con falsa sonrisa atabacada—, vengo a comprarte tu planta de hacer cuadernos. Te daré por ella un tren lleno de chocolate y un millón de pelotitas de colores.

—No —dijo Bartolo mientras comía un rico pedacito de pan.

—¿No? Te daré entonces una bicicleta de oro y doscientos arbolitos de navidad.

—No.

—Un circo con seis payasos, una plaza llena de hamacas y toboganes.

—No.

—Una ciudad llena de caramelos con la luna de naranja.

—No.

—¿Qué querés entonces por tu planta de cuadernos?

—Nada. No la vendo.

—¿Por qué sos así conmigo?

—Porque los cuadernos no son para vender sino para que los chicos trabajen tranquilos.

—Te nombraré Gran Vendedor de Lápices y serás tan rico como yo.

—No.

—Pues entonces —rugió con su gran boca negra de horno—, ¡te quitaré la planta de cuadernos! —y se fue echando humo como la locomotora.

Al rato volvió con los soldaditos azules de la policía.

—¡Sáquenle la planta de cuadernos! —ordenó.

Los soldaditos azules iban a obedecerle cuando llegaron todos los chicos silbando y gritando, y también llegaron los pajaritos y los conejitos.

Todos rodearon con grandes risas al vendedor de cuadernos y cantaron «arroz con leche», mientras los pajaritos y los conejitos le desprendían los tiradores y le sacaban los pantalones.

Tanto y tanto se rieron los chicos al ver al Vendedor con sus calzoncillos colorados, gritando como un loco, que tuvieron que sentarse a descansar.

—¡Buen negocio en otra parte! —gritó Bartolo secándose los ojos, mientras el Vendedor, tan colorado como sus calzoncillos, se iba a la carrera hacia el lugar solitario donde los vientos van a dormir cuando no trabajan.

 

 

Por Marcelo Luna

Autora: Laura Devetach

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