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Memorias y desmemorias del 24 de Marzo

Los hechos no ocurren porque sí. Se cargan de intenciones, de mensajes. Porque hay personas, clases y pueblos en el medio. Los hechos sociales proyectan significaciones. Van hacia el pasado (aunque no cualquier pasado), y tienen algún sentido (un hipotético futuro). Vamos a poner el ojo en la fecha emblemática del 24/03 para acceder a la construcción de algunos de sus mensajes. A las memorias conocidas de esta fecha y a sus omisiones.

 

Previas del 76

 

A inicios de 1976 la estabilidad del gobierno constitucional de entonces era precaria. La crisis de la política interna había desgastado la gestión de María Estela Martínez de Perón, que llevaba veinte meses en la Casa Rosada.

En diversos sectores sociales, partidarios y mediáticos el golpe fue tomado como una solución viable. Una salida posible y hasta “natural”, debido a las “demoblandas” y dictaduras que desde 1955 venían sucediéndose. Ricardo Balbín –veterano y principal dirigente radical, del ala conservadora- declaraba por entonces “¿Me piden soluciones? ¡No las tengo!”, dando vía libre al quiebre del orden constitucional, pese a que se habían anunciado para octubre de ese año las elecciones a presidente.

Gran parte de la jerarquía de la Iglesia católica abogaba por una “purificación” a partir del golpe. La guerrilla “materialista y atea” era el enemigo espiritual y social, considerada “irrecuperable”. “El ejército está expiando la impureza de nuestro país -expresaba monseñor Victorio Bonamín en septiembre de 1975, y agregaba- ¿No querrá Cristo que algún día las fuerzas armadas estén más allá de su función?”.

El empresariado se quejaba de “la guerrilla en las fábricas”; esto es, de la combatividad sindical de los trabajadores (del que también Balbín se hacía eco). El telón de fondo, en realidad, eran los derechos laborales, considerados “arcaicos” por el liberalismo económico. Entre ellos, la ley de asociaciones profesionales que promulgó “Isabel” Perón, celebrada por la CGT y resistida por los grandes empresarios; una de las últimas antes del 24/03.

Las dirigencias de las organizaciones armadas de Montoneros y ERP también esperaban el golpe, aunque bajo la óptica del “cuanto peor, mejor”. Entendían que con los militares en el gobierno se terminaría la “farsa burguesa” de la institucionalidad, el pueblo se rebelaría y eso sería un avance hacia las condiciones revolucionarias. (Rodolfo Walsh, sin embargo, había indicado que las masas estaban en pleno “reflujo”, pero su lectura no fue tomada en cuenta)

Sólo el movimiento obrero organizado “ortodoxo” apoyaba al oficialismo, pese a que la CGT había protagonizado el primer paro contra un gobierno peronista, luego del “Rodrigazo” de 1975, que eyectó a López Rega del gabinete. El sindicalismo “clasista”, por su lado, estaba siendo perseguido y diezmado tras la violenta represión en Villa Constitución de febrero del 75.

Las FF.AA. venían creciendo políticamente. A partir del Operativo “Independencia” iniciado en febrero del 75 en Tucumán, y junto la represión a la toma del cuartel “Domingo Viejobueno” de Monte Chingolo realizada en diciembre de ese año, las FF.AA. estaban legitimadas social e institucionalmente para frenar la guerrilla, a la propiamente dicha subversión del orden legal (aunque en aquel entonces se haya omitido el accionar de las Tres A, por sus vinculaciones con el gobierno de “Isabel”).

Los medios de comunicación daban cuenta de la orfandad en que se hallaba el gobierno. Y también validaron el golpe. La paz a toda costa, la “normalidad”; esa parecía ser la aspiración de la “gente”. Entonces vinieron ellos.

Resetear la sociedad

 

Y lo hicieron para quedarse. Para reorganizar. Para hacer un escarmiento “histórico”.

El desgaste del gobierno de “Isabel” estaba hecho desde hacía varias semanas, meses. La mayoría de las fuerzas políticas y los grupos de presión esperaban el golpe. Y no fue que se hicieron rogar. Lo dieron el 24/03; la misma fecha en que se inauguró, en 1816, el Congreso Constituyente de Tucumán. En 1976 se cumplían, precisamente, 160 años de la declaración de la independencia. Era la ocasión propicia para cargar de significados al presente. Asignarle una simbología fundacional. Y llamaron por eso “Proceso de Reorganización Nacional” al golpe que inició el terrorismo de Estado en Argentina.

Porque trató de resetearse a la sociedad. Tal como habían intentado con el peronismo a partir del 55, ellos pretendieron con el 24/03 “independizar” a la sociedad del “comunismo” y de las ideologías “extrañas al ser nacional”. Muchas declaraciones de los golpistas y de sus defensores mediáticos contuvieron un “relato médico”: se trataba de prevenir, combatir y extirpar el mal de “la subversión”.

Y no lo hicieron para defender la Constitución Nacional (puesto que la estaban desconociendo con el golpe) sino que invocaron una causa considerada más trascendental: la “civilización occidental y cristiana”. De ese modo, desde el Medioevo para acá, todos podían ser considerados “subversivos”: vía libre entonces para al genocidio.

Memorizar las vivencias

 

Al declararse el 24/03 como Día Nacional de la Memoria, bajo el kirchnerismo, se dio un giro a las cosas. Nuevamente una recarga de mensajes. Porque se concibió esta fecha dentro de una política de estado en derechos humanos, con base en la trilogía de la Memoria, la Verdad y la Justicia.

Memoria, para dar cuenta de los diversos conflictos y concepciones elaborados a lo largo del tiempo acerca del tema (para qué se elaboró la teoría de los “dos demonios”, qué contextos permitieron los juicios a los represores, las leyes de impunidad y los indultos que los beneficiaron, etc.)

Verdad, para cimentar pilares básicos de entendimiento; por ejemplo, que hubo un plan sistemático de desaparición, o que se trató de un genocidio.

Y Justicia para que el Estado condene esos delitos de lesa humanidad y repare material y simbólicamente a las víctimas y sus familias.

La reanudación de los juicios a los represores (luego de que Néstor Kirchner anulara las leyes de Punto Final y Obediencia Debida que los beneficiaban), la cárcel común como condena (el genocida Videla falleció dentro de una de ellas) y distintas acciones de reparación simbólica (como la inclusión de la desaparición forzada en el legajo de los trabajadores estatales, la noción de pedagogía de la memoria y el propio 24/03 como feriado inamovible) fueron signos de este memorizar de las vivencias.

En esta nueva simbología fundacional se incluyen los procesos (convergentes y divergentes) que forman la(s) memoria(s) colectiva(s) y los “olvidos epocales” o desmemorias, es decir, las significaciones omitidas. En ese sentido, la “teoría de los dos demonios” que elaboró el alfonsinismo, contenida además en el prólogo del “Nunca Más”, omitió las procedencias militantes de los detenidos-desaparecidos, y guardó relación con aquel gobierno de transición. Mención aparte merece el negacionismo de la actual administración.

Negar para ocultar

 

El macrismo no concibe a la defensa y promoción de los derechos humanos como una política de estado. Asocia esa noción al “curro”, o a que se trata de un tema con “dueños” (léase, el kirchnerismo). Que este 24/03 no tuviera un acto oficial es una prueba de ello, luego de que se intentara mover el feriado al lunes siguiente. A ello deben sumarse las diversas expresiones del presidente acerca de no tener “ni idea” sobre el número de desaparecidos, o que utilice la expresión “guerra sucia” para referirse al terrorismo de estado. ¿Son expresiones marginales? Entendemos que no.

El negacionismo también es una construcción discursiva. Se basa en el sofisma de des-ideologizar todo: la historia, los derechos humanos, la política. Porque considera que el conflicto y la disputa no son aportes al desarrollo de las relaciones humanas. Prefiere las evocaciones e invocaciones “lavadas” de cualquier subjetividad. Son los animales autóctonos que figuran en los nuevos billetes, reemplazando a las personalidades históricas.

Una de las frases utilizadas por el macrismo sobre el tema suele ser “la violencia que dividió a los argentinos”; sin ahondar en las razones y calidades de dicha violencia. Como si ésta fuese una calamidad, un drama anónimo, sin sentidos ni protagonistas. El ministro de educación también tuvo expresiones análogas sobre Anna Frank. “Ella tenía sueños, sabía lo que quería, escribía sobre lo que quería, y esos sueños quedaron truncos - refirió el ministro y completó – en gran parte, por una dirigencia que no fue capaz de unir”. A eso reduce el nazismo una postura negacionista.

En pocas palabras, el negacionismo no da cuenta de la carga histórica contenida en el presente. Ni elabora una actualización de ese pasado. Por eso relativiza, hasta reducirlo a nada, al vínculo entre pasado y presente.

“No perdamos más tiempo en pensar ‘¿por qué paso lo que nos pasó’?” expresó Macri en su gira reciente por Holanda. Este argumento de hacer “borrón y cuenta nueva” es funcional al eje del negacionismo: ocultar las complicidades civiles con el terrorismo de estado. Esto es, que el 24/03 fue también un golpe civil, pues contuvo intereses empresariales, eclesiásticos y mediáticos. Macri tenía 7 empresas al producirse el golpe de 1976. Cuando terminó la dictadura poseía más de 40.

A modo de conclusión, lo que se recuerda y lo que se omite desde el Estado dimensiona la mirada de contexto. Permite re-escribir y re-procesar las vivencias. Quiere decir que cada marcha y cada feriado, cada acto escolar y cada invocación del 24/03 es una actualización del pasado, que no es idéntica año tras año. Porque se historiza el presente; en eso consisten la memoria (y desmemoria) considerada como una construcción social.

Por Marcelo Luna

Destacados

 

A. El desgaste del gobierno de “Isabel” estaba hecho. La mayoría de las fuerzas políticas y los grupos de presión esperaban el golpe. Y lo dieron el 24/03; la misma fecha en que se inauguró, en 1816, el Congreso de Tucumán. En 1976 se cumplían 160 años de la declaración de la independencia. Era la ocasión propicia para cargar de significados al presente.

 

 

B. Que este 24/03 no tuviera un acto oficial es una prueba, sumada a las diversas expresiones del presidente acerca de no tener “ni idea” sobre el número de desaparecidos, o que utilice la expresión “guerra sucia” para referirse al terrorismo de estado. ¿Son expresiones marginales? Entendemos que no.

 

 

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