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A proposito del '55:

Ernesto Guevara y el Peronismo

Juan Martín Guevara expresó en abril pasado que “en Argentina el problema es el peronismo”. El autor del reciente libro “Mi hermano el Che” agregó en esa ocasión que “ahora, el presidente Mauricio Macri ¬tiene gente que se dice peronista. Cualquiera es peronista ya. Una cosa que no se sabe bien qué es, pero es capitalista”. (1)

 

Toda visión de coyuntura tiene una carga histórica. Así como el árbol puede taparnos el bosque, a veces ciertas interpretaciones preconcebidas nos impiden ver la singularidad de algunos procesos. En esta nota vamos a poner el ojo en algunas impresiones que supo dar nada menos que el propio Ernesto Guevara -cuando todavía no era el “Che”-, siguiendo desde México una situación muy particular: las semanas posteriores a la Masacre de Plaza de Mayo de junio de 1955.

 

Lecturas de coyuntura, notas parciales. Perspectivas que posiblemente le aclaren algunas dudas al hermano del Guerrillero Heroico acerca del “problema” peronista.

 

 

Cartas de Ernesto

 

“Según noticias que llegan por aquí la cifra de muertos es alta, casi pavorosa para la Argentina. Y la impresión de que la mayoría de los muertos son civiles que la ligaron sin comerla ni beberla agrava una sensación de molestia y desconcierto que me da la lectura de las noticias.”

 

Ernesto Guevara residía en México hacia 1955. Mantenía contacto con su familia mediante cartas que, mucho tiempo después, su padre reunió y publicó en un libro (2). Así podemos acceder al lenguaje sencillo y directo del entonces médico Guevara, en el que afloran algunas apreciaciones personales.

 

En el fragmento citado, por ejemplo, la “casi pavorosa” cantidad de víctimas que refiere, se corresponde con una lectura de la época que resultó ser correcta. En efecto, las víctimas de la masacre del 16 de julio de 1955 superaron las cuatrocientas; cifra única en ese momento en la historia de nuestro país.

 

 También hace referencia a la “molestia y desconcierto” que le generó el hecho de que hubiera “civiles que la ligaron sin comerla ni beberla”. Esta apreciación, sesgada por lo tremendo, cambiará después. En efecto, a medida que pasaron las semanas de ese imborrable invierno porteño, Guevara profundiza su parecer sobre este episodio, y analiza a los grupos sociales intervinientes. En carta a su madre, escribe:

 

“Para quienes no hay escapatoria posible ante la historia es para los mierdas de los aviadores que después de asesinar gente a mansalva se van a Montevideo a decir que cumplieron con su fe en Dios; es impresionante que la gente llore porque le quemaron su iglesia dominguera, pero le parece la cosa más natural del mundo que revienten la cantidad de ‘negros’ que reventaron. No te olvides que muchos de ellos fueron a morir por un ideal, pues eso de la compulsión no puede ser cierto sino en parte,

en todo caso, y que cada ‘negro’ tenía su familia a quien mantener, y que los tipos que dejan en la calle a la familia del negro son los mismos que se van al Uruguay a darse golpes de pecho por la hazaña de machos.”

 

Notamos aquí un cambio de percepción. Para Guevara el pueblo peronista son los “negros” (tal como despectivamente se refería la clase social a la que pertenecía su familia) quienes, lejos de ser ya los “civiles que la ligaron”, son ahora aquellos que “fueron a morir por un ideal”. Evidentemente, Guevara comenzó a tener una valoración propia del peronismo, de reivindicación, a partir de este suceso.

 

Por otra parte, califica de “mierdas” a los que, cobardemente y sin justificativos “ante la historia”, ejecutaron los bombardeos huyendo luego a Uruguay, y hasta se indigna por la diferente consideración que realiza “la gente” entre esos ataques y la quema de las iglesias. Hay que aclarar que, durante la noche de ese fatídico 16 de junio, varias iglesias cercanas a la Casa Rosada fueron saqueadas e incendiadas: la Curia Eclesiástica y las iglesias de San Francisco, Santo Domingo, San Ignacio, La Piedad, La Merced, San Miguel, San Juan, San Nicolás de Bari, el Socorro y Nuestra Señora de las Victorias. Si bien la autoría de tales hechos todavía es tema de discusión, desde aquel tiempo se señaló como únicos responsables a los grupos peronistas.

 

Pero Guevara también arriesga, en el fragmento que sigue, una lectura de la coyuntura nacional.

 

“Otra cosa importante es la cantidad de ‘gente bien’ que murió fuera de los casos fortuitos, eso mismo indica el carácter de la gente que iba a derrocar a Perón y el futuro que esperaría a una Argentina gobernada por un Olivieri o por un Pastor, que para el caso es lo mismo. El ejército solamente se queda en sus cuarteles cuando el gobierno que sirve, sirve a sus intereses de clase, y lo único que cambiarían es cierto exterior democrático como se ven en México, donde la podredumbre más grande está encubierta por formas pseudodemocráticas de convivencia. Olivieri o Pastor, o el que fuera, tirarían o tirarán, que todavía no se aclaró todo – contra el pueblo - a la primera huelga seria, y entonces no habrá chicos de Inchauspi que mueran, pero matarán a cientos de ‘negros’ por el delito de defender sus conquistas sociales, y La Prensa dirá muy dignamente que es ciertamente muy peligroso el que trabajadores de una sección vital del país se declaren en huelga y, aún más, recurran a la violencia para ganarla como sucediera en el caso de marras en que se disparó contra la policía, mal o bien esto no ocurrió sino muy esporádicamente con Perón, y para mí cuenta más que la gente conocida, que tuvo la mala suerte de recibir una bomba o una metralla”.

 

Los apellidos que cita Guevara ameritan una explicación, a fin de poder  contextualizar las significaciones.

 

Aníbal Olivieri (1903-1984) había sido ministro de Perón en el área de la Marina y tuvo participación activa en los bombardeos de Plaza de Mayo que pretendieron matar a Perón y derrocarlo. Por su parte, Reynaldo Pastor (1898-1987) fue un político perteneciente al conservador Partido Demócrata Nacional (alineado en el anti-peronismo) con una extendida trayectoria en la función pública de San Juan: fue gobernador durante la “década infame” y diputado por esa provincia bajo el peronismo hasta su desafuero en 1951, a raíz de su colaboración en el intento golpista contra Perón de ese año.

 

En su carta Guevara los nombra como referentes de los posibles militares y civiles que podrían ocupar el gobierno tras el derrocamiento de Perón; eventualidad que ya considera altamente posible y preocupante. Concluye que, fuera uno u otro, el sentido de la política sería la revancha anti-peronista. Premonitoriamente, Guevara ya anuncia cuál será la suerte del peronismo para los tiempos venideros y quiénes sus víctimas: “matarán a cientos de ‘negros’ por el delito de defender sus conquistas sociales”. Se equivocó en los apellidos, pero no en cuanto a lo que se venía.

 

 En cuanto al tercer apellido citado en la carta –Inchauspi- no pudimos recabar información detallada. Guevara lo alude en relación al asombro que le generó “la cantidad de ‘gente bien’ que murió” en los bombardeos de 1955 (tema pendiente de una investigación seria), y que él lo interpreta como una dato del apoyo social que tenía el golpe contra Perón. Es decir que era consciente de la antinomia (“lucha de clases” hubiera pensado Guevara) que existía en la sociedad argentina. La valoración hacia los “negros” peronistas y hacia la “gente bien” es explícita en esta carta.

 

 Veamos ahora qué estimación guarda este médico de  27 años de edad sobre Juan Domingo Perón:

 

“Por otra parte, no sé cómo se puede creer eso de que la marina está compuesta de angelitos puros y que el ejército es una ato de demonios; la única diferencia es que en la marina hay más pitucos resentidos por una serie de prebendas de clase que han perdido, pérdida de la que Perón no es culpable, pues éste no es más que un intérprete de una situación ya creada de antemano por la situación de la Argentina, y fuera de eso, por más que circulen rumores en contra, la Iglesia tuvo muchísimo que ver en el golpe de estado del 16, y también tuvieron que ver nuestros queridos amigos cuyos métodos pude apreciar muy de cerca en Guatemala. No te olvides que Olivieri estuvo en Estados Unidos hace poco, por un lado,  por el otro, que el papado es uno de los principales capitales de Europa, y que en política internacional marchan de la mano con EEUU. La forma en que la prensa de México trató el asunto no deja lugar a dudas, fuera de que algún comentarista muy ligado a la Casa Blanca insinuaba que lo que había de disolvente en Perón (disolvente para la compactación del mundo libre) era la tendencia neutralista de éste y su propensión a comerciar con los países del atrás de la cortina.”

 

 En el fragmento Guevara compara la masacre de Plaza de Mayo con el golpe de estado contra el presidente guatemalteco Jacobo Árbenz ocurrido apenas un año antes, en 1954; el propio Guevara había vivido esa operación orquestada por los Estados Unidos, ya que se encontraba por entonces en el país centroamericano. De modo que, un año después del episodio, realiza una asociación de sentido entre ambas situaciones, involucrando a la Iglesia y a “nuestros queridos amigos”, el país del norte. En el fragmento, además, menciona dos veces a Perón: primero como “intérprete” de las demandas de la clase trabajadora que resultan intolerables para los “pitucos resentidos” (es decir, para la oligarquía) y, más abajo, al tomarlo como un escollo para el titulado “mundo libre” capitalista. De tal situación, junto a la “propensión a comerciar con los países del atrás de la cortina”, Guevara ubica a Perón como una figura contraria a las pretensiones imperialistas de Estados Unidos en aquellos tiempos de la “guerra fría”.

 

 Esta visión de Perón (“intérprete” del pueblo en lucha contra la “pituca” oligarquía y, a la vez, obstáculo de la geopolítica norteamericana) se tornará en verdadera pesadumbre luego del triunfo del golpe en septiembre de 1955, con la titulada “Revolución Libertadora”. Así se lo hace saber Guevara a su madre:

 

“Te confieso con toda sinceridad que la caída de Perón me amargó profundamente, no por él, por lo que significa para toda América, pues mal que te pese y a pesar de la claudicación forzosa de los últimos tiempos, Argentina era el paladín de todos los que pensamos que el enemigo está en el norte.”

Otras miradas cercanas

 

“Él nunca fue peronista, pero lo que había sucedido en Buenos Aires lo había tocado profundamente. Desde las lejanas tierras mejicanas veía acontecimientos políticos y sociales argentinos con otra dimensión y otra perspectiva” […] Entonces yo no tenía exactamente la misma opinión que él con respecto a la situación política en la República Argentina. Quizás el árbol me tapó el bosque, pero hay que confesar que Ernesto desde México veía mucho más claro que la mayoría de los especialistas en política de nuestro país. No echó en saco roto la lección aprendida en Guatemala. Los Estados Unidos de América, variando la fórmula, han proseguido su política de derribar cualquier gobierno de América que no esté al servicio absoluto de sus intereses”. (3)

 

 Estas palabras del padre de Ernesto Guevara reafirman la valoración del  peronismo que supo hacer el Che, en momentos en que la presencia norteamericana disciplinaba a los estados latinoamericanos.

 

Cabe agregar que la izquierda política argentina de los años 40 y 50 consideraba al peronismo como el equivalente vernáculo de la experiencia fascista europea. Sin embargo, Guevara iba a contrapelo de semejante interpretación. En efecto, rescata al peronismo y da cuenta del componente revolucionario que tienen los procesos de lucha por la liberación nacional. Su primera esposa, Hilda Gadea, recuerda que:

 

“me contaba que participó en algunas manifestaciones antiperonistas con su padre; que en la Universidad trabajó al lado de la Juventud Comunista por poco tiempo, pero que se separó porque estaban muy alejados del pueblo. Que él salió de la Argentina, no por motivos políticos, sino para conocer a fondo los problemas de Latinoamérica, pero que comprendía, ya fuera de Argentina, que Perón había emprendido una lucha contra la oligarquía y el imperialismo, y que en el campo social promulgó leyes de protección a los obreros”. (4)

 

 Son interesantes las nociones de conflictividad que aparecen en el fragmento. Gadea ubica a Guevara en bandos bien definidos dentro coyunturas cambiantes. Así, lo vemos integrando “manifestaciones antiperonistas” (que deja sin efecto porque el PC estaba “muy alejado del pueblo”) y, tras conocer los problemas de nuestra región, asiente la “lucha contra la oligarquía y el imperialismo” de Perón. Estos posicionamientos políticos de Guevara (antes de ser el “Che”) dan cuenta de una lógica dialéctica, naturalmente contradictoria, centrada en la necesidad de una lucha unificada. Y aquella coyuntura del Buenos Aires del ‘55 dejó, indudablemente, una impronta decisiva en su manera de interpretar la realidad política latinoamericana. Sigue recordando Gadea:

 

“Ernesto consideraba que la situación tenía que ser muy difícil por la confabulación de tantas fuerzas en contra del régimen pero hasta el último momento confió en que el general Perón recurriría al pueblo, lo armaría y lucharía contra sus enemigos. Hacíamos este análisis cuando tocaron a la puerta. Fue él a abrir: eran los peruanos Ray Gada y el poeta Gonzalo Rose con el puertorriqueño Juan Juarbe y Juarbe. ‘Aquí estamos llorando los acontecimientos’ a manera de saludo les dijo Ernesto; ellos también venían a comentar la caída de Perón. Todos sentíamos lo mismo: pesadumbre porque no sé recurrió al pueblo para defender un régimen que había dado muchas reivindicaciones a los trabajadores. Para Ernesto fue un fuerte golpe la caída de Perón, se convenció una vez más de que el imperialismo norteamericano intervendría descaradamente en nuestro continente y que era necesario luchar contra él, con la ayuda del pueblo”.

 

A modo de balance, podemos afirmar que el peronismo no representa problema alguno en el camino de liberación de los pueblos de Latinoamérica. Ateniéndonos a Ernesto Guevara, la coyuntura argentina de 1955 reforzó en él un encuadre específico de la política regional: tenía claro que las nociones de pueblo, lucha y revolución estaban de un lado, contra las de oligarquía, masacre e imperialismo. Sin peronismo no podía haber (ni habrá) liberación posible en Argentina.

 

 

(1) www.diariorepublica.com.ar/nacionales/2017/4/22/para-hermano-guevara-argentina-problema-peronismo-8133.html.

(2) Guevara Lynch, Ernesto (1987) “¡Aquí va un soldado de América…!”, Sudamericana-Planeta, Buenos Aires.

(3) Ídem, pág.

(4) Gadea, Hilda (1972) Che Guevara, años decisivos, Ed. Aguilar, México.

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